XII Congreso UNIFIB Gran Canaria 2017

¿Un Congreso de Prospectología?

La “Prospectología” podría definirse como la ciencia que estudia la redacción e interpretación de los prospectos de las medicinas. Aunque no existen congresos sobre el tema, que yo sepa. El prospecto es un género literario que participa al mismo tiempo de la condición de ensayo científico y de novela de suspense… ¡cuando no de terror!. Su estilo es seco, duro, conciso. Emplea un lenguaje docto que escapa al entendimiento de la mayoría de los lectores. Desprecia cualquier recurso a la metáfora, y no digamos de la lírica. Pero, al mismo tiempo, aunque el estilo ‘prospectual’ carezca aparentemente de emoción, sin embargo es capaz de causar hondos sentimientos de duda, inquietud, o incluso de pavor, en sus lectores.

El temible prospecto es algo así como una pieza literaria de misterio redactada a cuatro manos, como las novelas de Charles Dickens y Wilkie Collins, aunque en el caso de los prospectos sus coautores podrían ser un enigmático sabio de un laboratorio farmacéutico con gafas de concha (posible personaje de una película de Roger Corman) y un inspirado Edgar Allan Poe en su peor mañana de resaca.

El fenómeno “prospectológico” suele seguir un mismo curso: su médico le receta una medicina, usted se la compra y, cuando la tiene en sus manos, se enfrenta en el envase a esta escueta sentencia: “Leer el prospecto antes de utilizar este medicamento”.

Recuerdo que durante años –en la dichosa y despreocupada juventud- los prospectos no significaron nada en mi vida. Fue más adelante cuando empezaron a manifestárseme como extraños entes que me reclamaban algo de atención. Pronto sucumbí –víctima ya de una incipiente hipocondría- a la tentación de adentrarme en los inquietantes vericuetos de los prospectos. Y entonces empezaron a salirme las canas.

No había problema con el capítulo donde se detalla la composición del fármaco ni con el que explica para qué se utiliza, ni cómo tomarlo, etc. El problema surgía con los capítulos donde se detallan exhaustivamente los llamados ‘efectos secundarios’ (una larga sucesión de calamidades); o cuando el pergamino advierte: “antes de tomar este medicamento…”. Y sigue una lista interminable de circunstancias en las que, si uno es tan tonto de tomarse la medicina, pueden sobrevenir estremecedoras consecuencias.

Total, que el asunto comenzó a inquietarme; y, cuando me compraba unas pastillas recomendadas por el médico, me angustiaba dudando si leía o no leía el maldito prospecto. Probé las dos posibilidades pero ninguna funcionó. Si leía el prospecto cuando tomaba la pastilla, mi cuerpo se ponía en estado de máxima alerta, presto a descubrir, a la menor sospecha, si aparecía el temido ‘efecto secundario’. Pero, si no lo leía, era igualmente víctima de la ansiedad, pendiente en todo momento de si aparecía o no algún síntoma de que algo no iba bien, por culpa de un ‘efecto secundario’ que yo desconocía, al no haber leído el fatídico prospecto. En fin, un sinvivir.

Yo propongo que se eliminen los prospectos o que se organice, por fin, un Congreso de Prospectología, para hablar a fondo de todo esto, a ver si nos aclaramos. Me ofrezco como ponente.

Alfonso Montecelos


Palabras claves asignadas a este artículo:
CongresosprospectoST&BM

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