Entrevista:

Manuel Cobos, La magia en los eventos

¿Quién no conoce a Manuel Cobos en este mundillo? En España, pero sobre todo en Andalucía, el alma mater de la empresa Gourmet Cobos Catering es –podría decirse sin exagerar- famoso en el sector. No ya porque dé bien de comer, sino por toda la performance que utiliza para acompañar la comida. Creatividad, sorpresa, magia (como él dice)… El banquete, entonces, se convierte en un espectáculo. Él lo que quiere es que permanezca en la memoria…


Aún se recuerdan los catering que organizó hace años en el Puerto de Santa María con motivo del congreso OPC España: una cena monacal en un monasterio y una recreación de la Feria de Abril de Sevilla. Hasta Ray Bloom (el presidente de IMEX), que no se cómo aterrizó por allí, paseaba con los ojos muy abiertos, algo estupefacto (¿quizá con una copa de fino en la mano?), entre los farolillos, las tortillitas de camarones y las batas de cola. Usando un lenguaje moderno, este Cobos es todo un crak.

La última “actuación” de Manuel Cobos en un Congreso OPC fue el pasado mes de febrero en Málaga. Su ponencia se titulaba “La magia en los eventos”. Apareció en el escenario totalmente vestido de mago (capa y sombrero de copa incluidos) y, acompañado de un conjunto musical que ponía la “banda sonora”, planteó sus ideas a  la boquiabierta…. Al final se despidió con un auténtico truco de magia. Se hizo encerrar en un arcón, dentro de un saco atado con cuerdas. El arcón se aseguró también con cadenas… Y cuando se volvió a abrir, en lugar de Manuel Cobos apareció (¡ta ta ta chan!) una despampanante jovencita rubia, entre el clamor del público (sobre todo el masculino). Cobos reapareció segundos después desde el fondo del auditorio, por supuesto sin saco y sin cadenas… y así acabó la cosa. Si, como él suele decir, los eventos deben permanecer en el recuerdo para que tengan éxito, desde luego que lo consiguió, además de los mayores aplausos que se recuerdan en una sesión de un congreso.

En la Feria de Abril

¿Cómo no sentir curiosidad por este singular personaje capaz de hacer realmente divertida una ponencia de un congreso sin por ello dejar de plasmar eficazmente sus mensajes?  (Apuesto a que sería capaz de hacer entretenida hasta una ponencia sobre el ROI). Y como este simpático jerezano es persona abierta y aficionada a la charla, no cuesta trabajo entablar una animada conversación con él (eso sí, interrumpida a cada momento por llamadas al móvil y correos electrónicos que le llegan a su blackberry).

El primer encuentro transcurre en Sevilla, en el patio del Hotel Alfonso XIII. Una cita preliminar, un mes después de la reunión de Málaga, en la que Manuel Cobos ya empieza a contar cosas. Pero está claro que hay que ponerse en su contexto, así que volveremos a encontrarnos en abril en Sevilla.  Sí, sí, coincidiendo con la Feria, pero en este caso estamos en un cortijo en las afueras, la Hacienda San Miguel de Montelirio, donde Manuel monta su particular Feria de Abril para un grupo de una empresa norteamericana (ya se imaginan: guiris con cara de despistados). Comida de la tierra (incluidos chocos con papas, grupo flamenco. En fin, “que no farte de ná”.

“Mi primer negocio –cuenta Manuel, mientras tomamos algo en una sala contigua a la de la Feria, desde la que llega el sonido de unas sevillanas-  fue de vendedor de perfumes en el Instituto, cuando tenía 14 años. Había días que ganaba casi 5.000 pesetas en cada recreo, que eran los tiempos en los que me dedicaba a vender, sobre todo a mis compañeras de estudios. Por aquellos tiempos y con apenas 15 años, con un grupo de amigos que nos denominábamos “Pulligan”, montamos una sala de baile para chicos de nuestra edad, que aparte de ciertos dolores de cabeza con los permisos y vecinos, nos creó unos de los mejores recuerdos de nuestra juventud y una gran amistad que perdura en el tiempo hasta nuestros días”.

Un vendedor nato

“En mi larga lista de negocios atípicos- continúa, mientras echa un ojo vigilante a los camareros que llevan bandejas y bailaoras que se arreglan los volantes-, he tenido uno de importación de muebles y artesanía de Bali, pero llegó el Corte Inglés con la “Semana fantástica” y me complicó el negocio. Tarjetas antitabaco para dejar de fumar, creo que fui de los vendedores que más vendió en España; al final no servían para nada, pero todo el mundo en esos momentos tenía la necesidad de querer dejarlo. Posteriormente vendía desde mantas eléctricas hasta fajines que eliminaban los dolores de lumbago. Hasta que puse en marcha con mi cuñado Andrés un negocio de bisutería muy buena y original de piedras semipreciosas desde Republica Dominicana, y montamos una cadena de montaje con la marca ACERINA, una piedra volcánica que se distribuía desde aquél país. Todo esto enlazado como trabajador por cuenta ajena en una empresa de Fitosanitarios (desde los 15 hasta los 32 años), además de ser asesor de imagen y asesor fiscal y laboral de otras tantas empresas que llevaba en el poco tiempo libre que me quedaba. A los 32 me casé y empezó la aventura del catering”.

La boda de Manuel tuvo una influencia decisiva en esa “aventura”: “Después de 18 años de noviazgo y ambos viviendo muy a gusto en casa de nuestros padres –confiesa sin ruborizarse-, llegó mi hora y tuve que pasar por el altar,  aunque intenté convencer a mi señora que lo atrasáramos un par de años más, no había tu tía. Me dijeron con tiempo que sería en agosto de 1992 y, ya que no había escapatoria, dije: “bueno, pero la fiesta la organizo yo”. No quería una boda típica. Creé una boda-fiesta. Yo hice el casting de los camareros, guapos, guapas.  Mi socio, que era propietario de una empresa de alimentos preparados, me ayudó con la comida, yo compré la bebida y el jamón. Los invitados en cuanto llegaban se encontraban con la orquesta tocando y la barra libre funcionando. La fiesta era lo principal, la comida en segundo plano formaba parte de la fiesta. La gente quedó encantada.  Y cuál no fue mi sorpresa cuando, a la vuelta del viaje de novios, quince o veinte parejas que habían estado en la fiesta ó se habían enterado por amigos y se iban a casar querían que yo les organizara una boda como la mía. Hablé con mi antiguo socio y durante dos años hicimos unas 20 o 30 bodas, pero bodas-fiesta, diferentes. Al final decidimos montar un catering a medias, pero hasta el 8 de diciembre de 1994 no hicimos nuestro primer evento formal, quiero decir con papeles en regla, porque hasta entonces todo fue un poco en plan amateur. Y así empezamos”.

Lo barato y lo caro

De entonces acá, Manuel Cobos ha ido haciéndose un nombre en el sector de catering y eventos, pero los comienzos no fueron fáciles. “Casi había que ponerse de rodillas delante de los clientes, porque había otras empresas de catering muy fuertes en Andalucía –en realidad, dos- que se quedaban con todo. Así que empecé a pensar en que había que dar creatividad, ideas originales, para poder dar el salto de las bodas y banquetes a los eventos profesionales. Y así conseguimos romper el mercado. Hoy, cualquier empresa que quiera hacer algo fuera de lo normal, que no quiera solamente menú, tiene que venir a nosotros. En Andalucía hemos hecho cumbres de Jefes de Estado, casi todas las presentaciones de coches de los últimos años, de todo. O sea, que todos los eventos que pasan de Despeñaperrros para abajo saben que cuentan con nosotros. Ahora tengo 35 fiestas temáticas tipificadas”.

Una de esas fiestas temáticas es la Feria de Abril en la que hemos estado, en la Hacienda San Miguel de Montelirio (que, por cierto, tiene un museo de carruajes que presume de ser el mayor del mundo, fruto del capricho del dueño). Pero la imaginación de Manuel no tiene límites: “Mi catering de bodas siempre ha sido el más caro de Andalucía, pero ahora lanzamos una segunda marca, “Ceremonial  catering”, con la misma calidad de gastronomía y servicio, pero adaptada a un nuevo perfil más joven y desenfadado”.

-O sea, una especie de “low cost”.

-Exactamente, así podemos ocupar otras cuotas de mercado. Pero, que quede claro: Hacemos muchas cosas, pero hoy día el cliente no va solo a comer. Todos los catering de España, a excepción de nosotros, venden solomillo. Yo no vendo solomillo, yo vendo seguridad, confianza e imaginación. E intento sorprender al cliente, pero interesándome por sus objetivos. Viene un cliente y yo le pregunto:”¿Usted qué quiere conseguir con la cena”? Y el cliente se queda patidifuso, porque a nadie se le ha ocurrido preguntárselo. Y piensa: “aquí he dado con una persona diferente”. Me lo explica y dependiendo de los objetivos le vendo una cosa u otra. Nosotros nos interesamos por el perfil del cliente y de lo que quiere conseguir”.

Buscando sedes

La siguiente etapa de esta entrevista transcurre en Jerez, donde Manuel tiene su cuartel general. Quedamos por la mañana para desayunar un café con churros en la calle Doña Blanca, junto al antiguo mercado, en el centro. El ceremonial consiste en comprar un “papelón” de churros recién hechos en alguno de los kioskos que hay allí  (por supuesto, mientras el churrero hace los churros se entabla conversación: ¡estamos en Andalucía!) y comérselos en la terraza de un bar de al lado, con un cafelito.  Luego, callejeando, llegamos a las Bodegas González Byass (la del fino Tío Pepe, entre otros productos).  A Manuel se le abren las puertas enseguida y somos acompañados a una corta visita. Nos cruzamos con un grupo de señoras que visitan la bodega y observan con curiosidad la sesión de fotos. Inevitable, una cata de vinos, pues ya es la hora del aperitivo.

-¿Organizas muchos eventos en bodegas?

Pues sí, las bodegas de Jerez son unos espacios que satisfacen a los organizadores de eventos sus expectativas, no existen en el mundo otras como éstas, y tanto si se organizan en nuestra provincia como en Sevilla,  difícilmente no dejan de visitarla y siempre con la posibilidad de organizarles un almuerzo ó una cena en sus propias instalaciones.

Pero tanto Jerez, Sevilla y toda Andalucía, presumen de tener una gran cantidad de lugares emblemáticos  para hacer eventos llenos de historia, cultura y donde recrear ambientes que nos hagan retroceder en el tiempo centenares de años; Castillos, Palacios, Alcázares, Cortijos, Haciendas, Viñedos, Monasterios, Museos, etc…, en la actualidad más de 200 espacios donde podemos hacer vibrar a nuestros clientes, donde podemos crear magia y   sorprenderlos.

-Irremediablemente, tenemos que hablar de la crisis.

-Sí, pero ahora vamos a comer algo, que ya es la hora.

La  creatividad es el futuro

Estamos en el restaurante que Manuel tiene en Jerez con su hermano Jesús. Se llama Accua. Es un local moderno, recogido de dimensiones, con una decoración acogedora y un patio trasero ideal para el buen tiempo; y ahí estamos, probando su menú. Un menú a un precio verdaderamente muy ajustado (bueno, nosotros estamos invitados), porque los tiempos así lo aconsejan.

Habíamos alquilado un conejito blanco para hacer las fotos de Manuel vestido de mago. Nos hubiera gustado uno con las orejas más largas, pero no había. El conejito, al principio, no sabía muy bien lo que tenía que hacer, pero se lo explicamos con paciencia y no tardó en entenderlo: simplemente, tenía que asomar medio cuerpo por la chistera, quedarse quietecito y preferiblemente de perfil. En ningún momento fue maltratado, para tranquilidad de las sociedades protectoras de animales. Al contrario, luego se paseó muy a gusto por el patio,  antes de volver a su jaulita y regresar a su lugar de origen ¡Qué habrá sido de él! Por nuestra parte, lo único que pudimos hacer fue darle un nombre: Manolito.

-Hablábamos de la crisis. Y de paso podemos hablar también del futuro.

(Aquí Manuel se arranca, llevado por su temperamento).

-El futuro de los eventos es la creatividad, los eventos con objetivos. Hoy en día, el que no produce no cobra. Las empresas harán eventos solamente con objetivos concretos. En los incentivos va ha haber un cambio brutal. Ya no se harán eventos porque sí, como unos años atrás. Las empresas tenían dinero y por no dar beneficios o por lo que fuera, gastaban. Pero ya nadie va a invitar a su personal a una cena de gala así porque sí. El control del gasto va a  ser lo más importante. Por eso es tan esencial la creatividad –sentencia, con gesto convencido-. Ahora, los catering estamos prácticamente partiendo de cero, por culpa de la crisis. Las grandes empresas de Madrid y Barcelona, muchas prefieren hacer sus eventos sin desplazamientos, allí mismo por ahorrar dinero. Menos mal que el mercado extranjero se recupera. Ahora, casi todos los eventos interesantes que tengo programados son de ingleses, franceses, alemanes. Ellos capean mejor la situación y se están recuperando.

Huelga en la Cumbre

Esa tarde callejeamos un rato por los barrios antiguos de Jerez (“mira, ese palacete en ruinas intenté comprarlo yo, pero al final no me lo vendieron. Se lo quedaron las Koplowitz, pero ahí sigue sin arreglar”), tomamos una cerveza en una terraza de la plaza del Mercado y acabamos cenando en La Taberna Flamenca. No se la pierdan si van a Jerez. Es un sitio, como se suele decir, “auténtico”. Un tablao decorado de cualquier manera, con sabor añejo, fotos de color sepia y antiguos carteles taurinos en las paredes, algo destartalado pero simpático, donde Manuel es bien conocido y recibido. Hay un escenario en el que, después de la cena actúa un grupo que llena de ritmo y zarabanda el local; casi más numeroso el grupo de flamencos que la escasa clientela de un jueves. Manuel acaba cogiendo una guitarra. Para algo estudió música muchos años, por capricho de su abuelo..

-A ver, Manuel, cuéntanos, de entre tantas que tendrás, una anécdota que recuerdes.

-Pues resulta que conseguimos hacernos con el catering de la Cumbre de Jefes de Estado que iba a celebrarse en Sevilla durante la Presidencia Española de la UE en el año 2002, cuando Aznar era presidente del Gobierno. Era un trabajo enorme, teniendo en cuenta que habría reuniones preparatorias y además venían los representantes de los países aspirantes a ingresar en la UE. Miles de personas. Teníamos ocupados tres pabellones del Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla (Fibes), más dos carpas de 7.000 m2.

“Esto era para los días 20, 21 y 22 de junio –continúa Manuel con gesto evocador- y el día 20 de junio se planteó una huelga general en toda España (“para que Aznar no se fuera de rositas”). ¿Qué pasaba? Pues que yo tenía que traer cocineros y camareros de toda Andalucía, porque en Sevilla no había suficientes. De Cádiz, de Granada de Córdoba y hasta de Murcia… Unos 1.200 camareros y más de 200 cocineros. Y no tenía modo de transportarlos hasta Sevilla, por la huelga. Hablé con Presidencia del Gobierno varias veces para explicarles la situación, pero no encontraban salida. Y yo entonces les dí la solución. Creo    –dice en voz baja Manuel, con aire conspirativo- que esto que cuento es un “secreto de Estado”.  No se pusieron autobuses civiles… no te digo más, y además hubo que escoltarlos. Los piquetes andaban rondando ya de madrugada. Yo había citado a los camareros en los estadios de fútbol de cada ciudad para llevarlos a Sevilla. Había un autobús llenos de chicas monas y un piquete se pegó a ellos. “¿A dónde vais?” –les preguntaron. Y una, la más lista, dijo: “vamos de excursión a Benidorm”. Y el piquete se fue sin más. ¡Menos mal!”

-¿Y todo salió bien?

-A la perfección. Conseguí que llegaran todos los autobuses y nos pusimos a trabajar. Recuerdo que Presidencia del Gobierno nos había dicho que la última comida de la Cumbre era la más importante, porque sería el recuerdo que se llevarían los Jefes de Estado y marcaba el nivel gastronómico del país organizador. Solo te digo, que al terminar esa comida, el presidente Chirac al salir de la sala, le dio la mano a todos los camareros que estaban allí formados, felicitó al maitre, y se hizo una foto con todos nosotros.

-¿Cómo conseguiste ese negocio?

-Era más por prestigio para mi empresa que por ganar dinero, la verdad. Los presupuestos nos los estrujaron cuanto pudieron. Pero nuestra oferta incluía no solo menús, sino un plan de organización interna muy preciso. Teníamos estudiadas las zonas de descanso para el personal, peluquería y salón de estética, para que todos estuvieran bien arreglados para salir a escena. Muy estudiado dónde y cuando iban a comer los camareros(porque también tienen que descansar y comer), y un equipo de auto-motivación, pues se trataba de una maratón de horas de trabajo cada día y debían estar siempre en máxima atención. Por eso lo conseguímos, no solo por los menús. Incluso previstas las emergencias, porque en esos días en Sevilla hacía un calor horroroso… El que más guerra dio fue Blair, que en cualquier momento pedía cosas imprevistas.

La cocina de Doña Carmen

Manuel Cobos, el primer catering que prepara todos los días es el  desayuno de sus hijos, antes de llevarlos al colegio, y la comida que más le gusta es la que siempre ha preparado su madre, platos sencillos de toda la vida: Doña Carmen, y en su honor ha creado un catering temático con ese nombre. Quizá por lo que tan bien comía en casa de su madre, Manuel se resistía tanto a casarse. Pero gracias a su boda ha triunfado en este negocio.

www.coboscatering.com

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